LA PAZ DE LA CONCIENCIA

28 de julio de 2025

 

Una conciencia en paz es una fuente de alegría y sosiego para la persona que la alberga.

Cuando tenemos la conciencia tranquila, podemos apreciar fácilmente la belleza que hay en el mundo que nos rodea. Viene acompañada de un cálido sentimiento de inocencia. Es un estado que resulta muy agradable; la mente está serena y las relaciones con otros seres humanos tienden a ser joviales.

Esta realidad está al alcance de todos. Uno se compromete con su propio camino, con su mejora. Y la vida avanza.

No se trata de poner nuestra vida patas arriba y hacer grandes cambios precipitadamente. Si actualmente hay insatisfacción en tu estilo de vida, desde donde te encuentras en estos momentos, puedes comenzar a vivir de otra manera. Resolver los asuntos inconclusos del pasado es indispensable. Y ponerte en paz con tu conciencia, si no lo estás. Como nos dice Rosa María Wynn, aquello que no hemos sanado, se repetirá en nuestra vida porque sigue en nuestra mente. Es decir, seguiremos proyectando la misma experiencia no sanada. Tampoco podemos estar plenamente en el presente si tenemos asuntos del pasado que no hemos resuelto y que nos crean algún tipo de culpabilidad. (1)

Y se hace imprescindible perdonar, pues lo que no hemos perdonado, lo volveremos a vivir en circunstancias parecidas a las del pasado. Son lo que el mundo llama “pruebas”.

     “[…] Estas pruebas se repetirán hasta que el dolor sea insoportable, y en ese momento declararás que quieres perdonar. Sentirás que algo se desprende de ti. Ese algo son las cadenas que te mantenían atado a una historia que te llevas contando a ti mismo durante largo tiempo, ya sea una de haber sido “traicionado”, o de haber sufrido una enorme e irreparable pérdida”. (2)

Seamos conscientes de que, con excesiva frecuencia, emitimos juicios sobre los demás. Una idea surge en la mente referente a otra persona. No cuestionamos lo que esa “voz” interior nos dice. La creemos. Y al hacerlo, ponemos una pesada carga sobre el mundo. El ego en nosotros busca con la velocidad del rayo los argumentos que justifican nuestra crítica. Y los encuentra. Así convertimos al otro en el culpable, el que merece nuestro implacable juicio. Así también, logra el ego que nos sintamos ofendidos por lo que creemos que el otro nos hizo. Y divididos.

Niégate a creer lo que esa vocecita, aparentemente inocente, te dice sobre otro ser humano. La reconocerás con facilidad porque nunca te incita a pensar algo bueno de los demás. Sus juicios son siempre para crear sospechas, rechazos y enemistad.                                                                                              

Estos juicios frecuentes e inconscientes nos quitan la paz de un modo que difícilmente podemos detectar. Y es casi inevitable que caigamos en ellos. Pero en lugar del nuestro, podemos pedir el que viene del Cielo. En palabras de Rosa María Wynn:

     “Este mundo, no obstante, es un mundo de juicios, por lo que no podemos estar aquí sin juzgar. Pero se nos exhorta a que no juzguemos. Entonces, ¿qué podemos hacer? Lo que se nos pide es que en lugar de usar nuestro juicio, le pidamos al Espíritu Santo el Suyo, y que pongamos la situación en Sus manos. Sus juicios serán siempre justos y acertados, y sostendrán la inocencia de todos los implicados en la situación. Esa es la verdadera Justicia de Dios”. (3)

Y recordemos que no hay pensamientos neutros. Todos tienen consecuencias; producen un efecto en algún lugar. El sufrimiento y la fealdad que vemos en el mundo proceden de los juicios que hemos emitido contra él. Cuando elegimos ver la inocencia de las personas y liberar al mundo de los juicios condenatorios, la vida se transforma. (4)

El modelo de mundo que han creado nuestras críticas puede ser reinterpretado. Podemos elegir tener pensamientos que nos apoyen y protejan la vida. Si cambiamos nuestras percepciones sobre nosotros y sobre este planeta, el mundo mejorará. Cuando reconocemos la presencia del amor en nuestro interior, nos convertimos en fuente de sanación para el mundo. Y para nosotros mismos.

Quisiera acabar estas reflexiones con las luminosas palabras de Gerald Jampolsky:

     “La seguridad reside en el “Podemos hacerlo”. Siempre elegimos entre lo que afirma la vida y lo que la niega. O bien nuestros pensamientos nos apoyan y nos elevan, o nos hunden en la depresión y en la desesperanza. La menor de nuestras críticas o nuestras quejas apoya todo un sistema de creencias que niega la luz que existe en todo ser viviente. Nuestras ideas son como las piedras de un camino que recorremos. No hay ni siquiera un pequeño pensamiento que no nos lleve hacia algún sitio. Esta es la razón por la que no debemos dejar que nuestra mente viva en conflicto si deseamos caminar hacia la salud y la paz”. (5)

Un afectuoso abrazo.

Hasta el próximo día.

  


  1. Wynn, Rosa María, El Aprendiz impecable. Ed. El Grano de Mostaza. Barcelona, 2012, pág.21.

  2. Ibid., pág. 107.

  3. Ibid., pág. 34.

  4. Ibid., pág. 35.

  5. Jampolsky Gerald G., Enseña solo Amor. Ed. Los Libros del Comienzo. Madrid, 1993, pág. 83.

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Armonía Martín
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