10 de noviembre de 2025
A veces surgen entre los seres humanos situaciones conflictivas. Con frecuencia, las decisiones que tomamos afectarán de una manera significativa no solo a nuestro presente sino también a nuestro futuro. Y al de otras personas. Pasa en todas las áreas de la vida. Cuando miramos atrás, a aquellos momentos difíciles, nos damos cuenta de lo combativos que estuvimos y de que nuestra conducta belicosa no hizo más que dañarnos a nosotros y a los otros implicados. Esa actitud de atacar y defendernos nos lleva directamente a la lucha, al encono y, por lo tanto, al sufrimiento.
Queremos que el otro pague por lo que nos hizo, bien sea la factura en costes de dinero o en padecimiento emocional. Comenta Gerald Jampolsky que muchas personas, cuando recuerdan su proceso de divorcio, se dan cuenta de que podrían haberse ahorrado ingentes sumas de dinero si hubieran mostrado buena disposición para dialogar, conciliar los desacuerdos y reparar las afrentas. Pero eligieron la actitud de atacar y defenderse.
Ciertamente se dan situaciones en la vida que requieren subsanar el daño ocasionado, pero podemos tratar de encontrar formas de lograrlo que no impliquen perjudicarnos más entre nosotros. Quizás existan medios de resolver nuestros conflictos y gestionar nuestra ira de un modo que no sea lanzarla sobre los demás ni incluya la venganza. Podemos encontrar la manera de solucionar nuestros desencuentros por una vía menos costosa, sin tener que acudir a los tribunales.
Acaso podríamos conciliar la situación antes de recurrir a un abogado. Acaso podamos dar con formas de remediarla que no causen daño; hallar soluciones que favorezcan a ambas partes. Y escucharnos mutuamente los implicados, con la intención de ponernos en el lugar del otro, y de entendernos.
En palabras de Jampolsky, tradicionalmente se ha visto el ejercicio del derecho como “una de esas actividades en las que tenemos que aferrarnos a la acusación y a la culpa como nuestras únicas realidades”. Sin embargo, estamos comenzando a encontrar abogados, en todo el país, que ven la práctica del derecho desde una perspectiva muy diferente. […]
Estamos comprobando, incluso en nuestra propia vida, que cuando nos hallamos frente a algún problema que requiere la ayuda de un abogado, podemos abordarlo teniendo como única meta nuestra tranquilidad de espíritu. Y también podemos negociar soluciones pacíficas aun reconociendo nuestra ira y la de quienes posiblemente nos vean como enemigos adversarios”. (1)
En los últimos años ha conocido Jampolsky a abogados que están reflexionando sobre sus propias vidas y replanteándose la práctica de su profesión desde una nueva conciencia. Una manera de hacer que no sea la de atacar y defenderse.
Entre estos abogados los hay que hace tiempo que están recorriendo un camino espiritual. Otros, apenas lo han comenzado. Y la elección que han hecho en su vida personal es la de permanecer centrados en la tranquilidad de espíritu como su único objetivo:
“Su propósito es vivir sin culpar a otros, esforzándose por encontrar el propósito de su vida en amar, perdonar y prestar ayuda tanto como les sea posible. Se están preguntando a sí mismos: “Mi objetivo es sólo hacer dinero o es ayudar a la gente? ¿Estoy viviendo con integridad y llevando una vida verdaderamente significativa?”. (2)
No creo que hayamos de vivir nuestras vidas batallando continuamente. Vamos a hacer todos un esfuerzo para verlo de otro modo; para empezar a vislumbrar la humanidad de la otra persona, su sufrimiento, su vulnerabilidad y la nuestra propia.
Empleemos la empatía y la compasión unos con otros. Acerquemos puntos de vista. Yo sé que podemos hacerlo. Es muy grato sentir la cordialidad y el afecto entre las personas. Aceptemos la tranquilidad de espíritu como única meta, en lugar de estar siempre en la lucha, buscando culpables, azotados por la ira o el resentimiento. Esa no es forma de estar en el mundo.
Vinimos a vivir en paz en la Tierra y a ser felices. Siempre estamos a tiempo. Abracemos el cambio. Creemos, entre todos, el mundo radiante y amoroso que llevamos dentro.
Así sea.
Un afectuoso abrazo.
Hasta el próximo día.
- En Jampolsky, Gerald, y Cirincione Diane V., Cambia de idea, cambiará tu vida. Ed. Altaya, Barcelona, 1995, pág. 219 a 222.
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Ibid., pág. 221.
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Ibid., pág. 222.
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